lunes, 9 de agosto de 2010

La invasión de los girasoles mutantes.

Episodio 13: Una hoja en la noche.
Grita como un loco mientras lanza a Betsy contra la verja metálica llevándosela por delante junto con el resto de los girasoles que aun quedaban en pie. Luego, tanto él como Martin, salen del autobús y van rematando las pocas bestias mutantes que quedan.
- Venga, vamos –dice Bridge-. Hacia la puerta principal. Johnnie ya estará dentro.
Cruzan corriendo la distancia que les separa del la puerta principal, que está abierta, flanqueada por los cuerpos de cuatro guardias. Dentro solo hay caos, gritos, gente corriendo, disparos y el ruido de la alarma que les martillea en la cabeza.
- Son los prisioneros –dice Martin-. Johnnie ha debido abrir todas las puertas. Ten cuidado. No le vayamos a volar la cabeza a un pobre desgraciado de estos.
-Descuida, no soy tan torpe. Mira, allí están Johnnie, Ralphy y la señorita V.
- ¿Habéis visto a Helen?
- No, Johnnie, acabamos de entrar.
- Ya no quedan guardias. V y el Doctor los han despachado. Vamos a separarnos, la puerta será el punto de encuentro. Hay que encontrar a Helen y salir de aquí echando ostias. Podría haber refuerzos de camino.
Se separan y Johnnie sigue registrando las celdas, abriéndose paso entre la gente. Algunos de los presos corren desesperadamente, como si temieran que la recién recuperada libertad les fuera a durar poco. Otros, en cambio, pululan por los pasillos sin rumbo fijo, con la mirada perdida. Walker supone que esos son los que más tiempo llevan de cautiverio. Le cuesta avanzar entre el gentío, lo que no ayuda demasiado a aplacar sus nervios, que amenazan con estallarle bajo la piel. Pero de pronto ve una aparición. Una imagen fugaz que aparece y desparece entre la riada de personas que trata de escapar de las celdas. Apenas la ve un segundo, la coleta, los mechones que se escapan, antes de que vuelva a desparecer entre otros dos presos. Corre en la misma dirección, corre como si todos los secretos de la creación se encontraran a lo largo de los cincuenta metros escasos de aquel pasillo. La vuelve a ver. Está de espaldas pero no le hace falta más.
- ¡Helen! –grita, y se siente muy extraño. Hace tanto tiempo que no pronunciaba esa palabra en alto que le parece mentira, un juego, un sueño- ¡Helen! –vuelve a repetir, para ver si así consigue que todo sea más real. Esta vez ella le oye y se da la vuelta.
Puede ver como Helen se queda paralizada. Lo que más le sorprende es que en los ojos de la chica se puede leer el miedo. Como si no pudiera acabar de creerse que él estuviera allí, llamándola en medio de toda aquella locura. Como si pensara que el cautiverio le había hecho perder la razón. Ninguno de los dos corre. Se dirigen el uno hacia el otro, con los ojos muy abiertos, casi sin pestañear, como temiendo que el otro desparezca en cualquier momento. Finalmente llegan el uno frente al otro y se quedan muy quietos, y todo lo demás desaparece. Hasta parecen no notar los empujones que los presos les dan en su frenética huida.
-Soy yo, Helen.
Helen le mira muy fijamente y por un segundo teme que ella se haya olvidado de él. Entonces ella levanta la mano y le acaricia el rostro.
- Te has cortado el pelo –dice ella, y sus palabras suenan un tanto extrañas.
- Me lo volveré a dejar largo, si quieres.
Ella se lanza sobre él. El momento se rompe y se besan como si nadie se hubiera besado antes que ellos en el mundo, como si cualquier banda sonora hubiera sido escrita solo para ese momento. Se besan como si ese beso pudiera salvar un mundo podrido hasta las entrañas, como la hoja que brota de un tronco calcinado.
- ¿Cómo has llegado hasta aquí? ¿Cómo me has encontrado?
- ¿No querrás que te cuente en veinte segundos los últimos años, no? Salgamos de aquí nena –dice Walker, poniendo en la mano de Helen una de sus Desert Eagles, y volviéndola a besar.

- Estabas muerto, yo te vi. Comprobé tu pulso.
- Hiciste mucho más que eso, ¿no?
- No trates de culparme a mí.
- Tienes razón, Celine, como siempre. Fui yo el que se cayó accidentalmente sobre la hoja de tu cuchillo. maldita torpeza la mía.
- Vete al infierno.
- ¿Otra vez, cariño? ¿Qué tal si esta vez vas tú primero y me vas haciendo un sitio?
El dedo del gatillo le hormiguea y justo en ese momento el Doctor se da cuenta de que no quiere entrar a preguntarse si tendrá fuerzas para matarla. Por ahora se dice a sí mismo que la necesitan viva. Necesitan toda la información que puedan sacarle.
- ¿Es eso, Pete? ¿Vas a matarme? ¿De verdad tendrás agallas para matar a la mujer que amas?
- Peter Connors no existe. Tú le mataste, ¿recuerdas? Él puede que no te matara, a mí, al Doctor Spawlding, es mejor que no le cabrees.
- ¿Qué haces apoyando a esta gentuza, Doctor Spawlding? –la voz de ella se llena de desprecio cuando pronuncia el nuevo nombre del hombre que una vez fue su amante.
- Por razones que tú ni siquiera sabes que existen. Por lealtad, por amistad. Pero sobre todo, por no vender mi alma a la escoria que ha destruido este mundo.
- Eres patético. Nunca tuviste ambición, por eso quise dejarte. Te conformabas con las migajas que quedaban del mundo.
- No me hacia falta más si tú estabas a mi lado. Así de idiota era. No necesitaba ningún imperio, ni colaborar con una banda de asesinos para conseguir poder.
- Eres tan limitado. Me das pena. Esa banda de asesinos construirá un nuevo orden mundial y yo estaré en esa pirámide de poder. Mientras, la historia barrerá el polvo de tus huesos y el recuerdo de que alguna vez exististeis tú y esa panda de necios que te siguen. ¿De verdad pensabas que iba a conformarme con arrastrarme por el suelo en busca de desperdicios? ¿Solo para estar contigo?
Una inmensa tristeza ensombrece el corazón de Spawlding. Ningún filo, ninguna explosión, ninguna bala podría hacer mas daño que las palabras de Celine.
- Pues mira, sí. De verdad lo pensaba. Pensaba que me amabas y no necesitabas nada más. Igual que yo. Pagué muy caro mi error. La herida que me dejaste en el pecho cicatrizó. Otras que me dejaste no lo harán nunca. Mi mundo eras tú. He vagado en las tinieblas desde entonces. Ahora, camina. Y no hagas ninguna tontería.

El almacén se va quedando vacío y Helen abraza a todos sus amigos. No puede ni reaccionar cuando ve a sus viejos camaradas, en especial a Bridge y a Martin, en aquel lugar, en compañía de Johnnie, trabajando codo con codo para rescatarla.
- Ah, no dice-. Esto si que me lo explicas. ¿Cómo os habéis conocido?
- Bueno, digamos que este par de paletos estaban a punto convertirse en comida para girazombis y mi camarada, el Doctor, al que ya conocerás, y yo les salvamos. Eso nos llevo a la ciudad, a ti y todo lo demás.
- No entiendo nada.
- Ya, mira, bueno, en serio. Luego te lo explico.
- Venga, salgamos de este maldito lugar de una vez. Esta siendo una noche muy larga –dice Martin.
- Esperad –interviene Helen-. Tengo que ir un momento a los barracones.
- ¿Por qué? –pregunta Walker.
- Tengo que ir a por William.
- ¿William? ¿Quién es William?
- Mi gato –dice Helen sin mirarle y encaminándose hacia la puerta.

Celine de pronto se para y se da la vuelta. El cañón del arma de Spawlding le toca en el vientre. Le sonríe. Y Spawlding piensa que hay pocas cosas más bellas y peligrosas que esa sonrisa. Casi siente que podría abrasarle y congelarle al mismo tiempo.
- ¿Qué haces, Celine?
- No puedo dejar que me lleves con los rebeldes. Tienes que entenderlo, Peter.
Todos los sistemas de alarma del Doctor empiezan a zumbar y hasta puede oír una voz que grita a pleno pulmón, peligro, peligro.
- No me obligues…
- ¿A matarme? Los dos sabemos que no lo harías, Peter.
Peligro, peligro. Colisión inminente.
- ¿De verdad destruirías algo tan hermoso? Te conozco de sobra, cariño. Puede que a tus amigos les hayas engañado con ese numerito del guerrero frío y sin corazón. Pero yo recuerdo bien como eras.
¿Cómo era yo? Se pregunta el Doctor Spawlding. Aunque en ese momento se da cuenta de que es más bien Peter Connors quién se lo pregunta. Igual que se pregunta que queda del hombre que una vez fue. Celine le sigue sonriendo y ha empezado a bajar el cañón del arma y a acercarse hacia él. Puede sentir la fuerza del magnetismo que aquella mujer, después de tantos años, sigue surtiendo en él.
- Recuerdo al hombre salvaje y apasionado. Al hombre que no podría evitar agarrar mi cintura con fuerza y besarme si me tuviera… así de cerca.
Caline ya esta prácticamente pegada a él y las señales han comprendido que nadie las va a escuchar ese día.
La fiebre. El dolor. El deseo sobrehumano. El calor que se le agolpa en las sienes. Cuando empiezan a besarse, Peter, el Doctor, se siente como un hombre que ha estado años sin beber un trago de agua, vagando por el más árido de los desiertos. Cuando ella le toca, su cuerpo reconoce al instante el de ella y cuando todo empieza a dar vueltas, sabe exactamente donde agarrarse. Quizás todo fue una pesadilla. Quizás despierte y nada de todo aquello haya pasado y esté en una cama, con Celine desnuda a su lado.
Pero la realidad tiene sus anclas. La voz de Johnnie llamándole le trae de vuelta. Abre los ojos y puede ver a su amigo, con una expresión de absoluta incredulidad en el rostro corriendo hacia él junto a una joven que debe ser Helen. Pero el dolor en el costado hace que todo se vuelva borroso. Celine se va alejado de él, con esa sonrisa de hielo en los labios. Le fallan las piernas. Le cuesta respirar, cada bocanada de aire es una oleada de dolor en el costado. Mira con incredulidad el machete que Celine le ha clavado y lo único que puede hacer es sonreír con una expresión triste y estúpida en el rostro. La boca le sabe sangre. Ella se va alejando de él, mientras lucha para que no se le doblen las piernas.
- Lo siento, mi amor –le dice ella-. Pero, al fin y al cabo, todo se trata de morir o de matar.
Ella desaparece en la noche y él cae al suelo. Nota como la sangre se le escapa a borbotones del cuerpo. Oye a Johnnie gritar su nombre, pero le parece que está lejísimos. Cuando su amigo llega hasta él y se arrodilla a su lado, el Doctor Spawlding solo puede sonreír débilmente y decir, parece que nunca aprendo, ¿eh, amigo?
Luego todo se vuelve negro.

6 comentarios:

Eriwen dijo...

Peter, eres un narcisista xD

Doctor Spawlding dijo...

Pero si me he quitado del medio!

Eriwen dijo...

xD Claro para ser leyenda hay que palmarla. Además no me fio, NO ME FIO xD

Anónimo dijo...

di que si, di que si , este va a ser un especie de vampiro que no muere nunca jejejejej¡¡¡¡¡¡¡

Doctor Spawlding dijo...

huy vampiro, jajajaja, esos no son nadie. Insistoen que ya di ua pista. en fin, asi me gusta, que esteis hay mordiendoos las uñas, jajajajaa

Anónimo dijo...

yo la verdad es que me las muerdo siempre .......de todas formas seguire indagando